Devota psicografía interplanetaria

8 set 2008

Per Wenceslao Solís

Recientemente mantenía correspondencia con un querido mexicano que se interesaba por el concepto “etnocosmología”. Advertido de los modestos avances de la disciplina, me confesaba su absoluta certeza de que la vida sólo era posible en este nuestro planeta, ya que Dios, Creador y Salvador, así lo había designado en su diseño inteligente del Cosmos. Él no lo decía en estas palabras, y hablaba de la salvación de nuestras almas eternas, estar unidos en el corazón de Dios y otros rezos del estilo. Afortunadamente, la promiscuidad es un hábito gloriosamente abundante en la cultura humana, y la fe no es un área que quede al margen de esta querencia por acumular en lugar excluir.

Sin ir más lejos, el cristianismo no es más que un refrito destinado a las masas de lo más popular de los cultos á la mode en los primeros tiempos del imperio romano. Ya referimos en estas páginas la adaptación ufológica del cristianismo por parte de Misión RAMA, con su boom mediático en los setenta debido al relato de contactos en los que los seres extraterrestres les revelaban su intención de evacuar el planeta, amenazado por la autodestrucción, llevándose sólo a los justos. Junto al contactismo más o menos físico, carne de titulares, existe una tradición derivada del espiritismo que afirma establecer contactos con extraterrestres a través del mediumnismo, la psicografía o la telepatía. Tal era la práctica habitual entre los seguidores de la Misión RAMA convirtiéndose en un eje principal de lo que podemos considerar su culto. Un triángulo espectacular: ¡ufología, evangelismo y espiritismo!

Entre los fondos documentales de nuestro centro de estudios, obtenidos de los modos más inverosímiles, debido a nuestra precaria situación académica, se encuentra un libro vetusto que resulta de lo más ilustrativo en este asunto que estamos tratando: En la obra del brasileño Hercilio Maes el triángulo que construíamos anteriormente se convierte en un poliedro deslumbrante, donde convergen creencias como la reencarnación, el evangelismo, el espiritismo, la ciencia, el magnetismo, el vegetarianismo, la astrología y, por supuesto, la ufología. “La vida en el planeta Marte y los discos voladores” se publicó en 1955 y se presenta como una entrevista psicografiada entre Maes y un espíritu llamado Ramatis que ha habitado en Marte, y que figura en la cubierta como autor. A través de este recurso, el espíritu desarrolla en cuatrocientas páginas una descripción esmerada de múltiples aspectos del planeta Marte, entre los cuales se incluyen todo lo relacionado con la sociedad Marciana, sus creencias, su organización, su economía y su parentesco. En definitiva, una monografía etnográfica dedicada al planeta rojo, en boca del propio informante.

Ramatis es un espíritu superior, que tras varias reencarnaciones ha ascendido a un plano superior, liberándose de su cuerpo y habitando algo parecido al cielo, un mundo que puede ser contactado mediante técnicas espiritistas. En sus primeras reencarnaciones había habitado la Tierra, y tras un proceso de evolución espiritual renació en Marte, donde en sucesivas vidas alcanzó la perfección y trascendió la cadena de la vida terrenal. Este es el proceso que todos los espíritus deberían recorrer, de modo que los habitantes de Marte son espiritualmente más avanzados.

Este planteamiento evolucionista no dista mucho de nuestros viejos barbudos decimonónicos, simplemente lo proyecta más allá. La sociedad protestante donde germinaba la primera antropología, la cúspide del progreso cultural, tiene su estadio superior en Marte, liberada de los artificios atávicos y los lamentables survivalismos, en una república platónica donde los sabios deciden y el pueblo se alegra de ello, en una comunidad donde sólo existe la virtud, en una ciudad sobre la colina. Naturalmente, la descripción de este mundo de paz y armonía resulta extremadamente tediosa, a menos que se lea desde la esperanzada utopía de un creyente. En definitiva no se trata de un lugar exótico, sino de un ejemplo a seguir, un manual del cristiano bondadoso.

Claro que, situar la utopía en otro mundo, permite desplegar una estética espectacular. Los destellos de colores, trajes radiactivos y reflejos iridiscentes aparecen en todos los capítulos, una empalagosa sinestesia espiritual que no oculta la imposibilidad de Ramatis de transmitir la realidad marciana de un modo comprensible para un terrícola. El recurso a la analogía es constante, explicitándose siempre e insistiendo en su limitada eficacia. La inconmensurabilidad de las culturas no es en este caso bidireccional, sino que el informante conoce perfectamente la sociedad terrestre, y sabe qué es lo que su interlocutor no puede comprender. La situación hegemónica del etnógrafo, la del hombre civilizado que sabe lo que quiere saber del salvaje, se invierte en esta etnografía, siendo el informante mismo quien determina lo que su interlocutor no es capaz de comprender y no merece la pena ser explicado.

Tal vez Hercilio Maes no fuera muy buen etnógrafo. Tal vez sólo fuera un Marco Polo del espiritismo que explicaba lo que le explicaban, sin actitud crítica. Quién sabe si tras la teoría de la evolución espiritual se oculta una sociedad terrible y atroces conflictos azotan las sociedades del planeta rojo. Lo que sí hay que reconocer es lo sistemático de su cuestionario, su humilde método científico, muestra en definitiva, del camino de vuelta en que la etnografía ha influido a los relatos de viajes, aunque en este caso se trate de un viajero de la psique, etnógrafo amateur. No menospreciemos la aportación de este brasileño, que aunque hoy sería protagonista de los freak-shows televisivos más denigrantes, seguro que es mucho más válido que los aventureros zarrapastrosos que informaban a Frazer o Tylor.

Deixa un comentari

IMATGES

Get the Flash Player to see the slideshow.