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TRIBUNA:
IÑAKI RIVERA Y MONTSERRAT MUNTÉ
Tortura
y otras violencias
IÑAKI
RIVERA Y MONTSERRAT MUNTÉ 09/10/2007
El pasado día 1 este periódico difundió
la noticia del posible enjuiciamiento de 13 funcionarios penitenciarios
por los presuntos malos tratos infligidos a casi una treintena
de presos de la cárcel de Quatre Camins tras los sucesos
de abril de 2004. Se incluye entre ellos a los entonces directores
y subdirector médico de la prisión. Los relatos
de los internos, que en algún caso extrae el artículo,
son estremecedores y parecen de otros tiempos. Sin embargo,
se han producido aquí y ahora, y en su día pudieron
salir a la luz gracias al trabajo de algunas organizaciones
sociales de defensa de los derechos humanos. Posteriormente,
la justicia y el constante trabajo del equipo de abogados han
ido tejiendo el camino de un proceso penal que esperamos que
esclarezca estos episodios aberrantes.
Lamentablemente,
la investigación que en su día inició el
Departamento de Justicia concluyó con un archivo que
dejaba en la impunidad unos hechos tan graves pese a reconocer
que 26 presos habían sufrido numerosas y acreditadas
lesiones a manos de unos funcionarios a quienes esa investigación
administrativa no había alcanzado a identificar ni en
un solo caso. Resulta absolutamente imprescindible, también
para el buen nombre de los profesionales penitenciarios que
cumplen correctamente con su trabajo, que se establezcan las
responsabilidades de quienes abusaron presuntamente de su posición
para maltratar -en ocasiones brutalmente- a los presos cuya
custodia les corresponde. Asimismo, últimamente hemos
tenido conocimiento de nuevos episodios de malos tratos en la
cárcel de Briñas que están siendo investigados.
Antes del
verano la prensa también reflejó -esta vez incluso
con imágenes- los malos tratos causados en una comisaría
de los Mossos d'Esquadra a un hombre y a una mujer detenidos.
Asimismo, el último Informe de la Coordinadora estatal
para la Prevención de la Tortura señala que en
2006 Cataluña está por primera vez a la cabeza
de denuncias por torturas y malos tratos en toda España
(véase: www.prevenciontortura.org).
¿Qué
está pasando? ¿Cómo es ello posible? Estas
y similares preguntas se escuchan últimamente. ¿Hay
algo que pueda hacerse para frenar, prevenir y sancionar semejantes
formas de violencia institucional? Sí, hay caminos que
recorrer en esa dirección.
El 22 de
junio de 2006 entró en vigor el Protocolo Facultativo
de la ONU a la Convención contra la Tortura. Entre algunas
de las novedades más sobresalientes cabe señalar
la creación, aún no realizada, de los llamados
"mecanismos nacionales de prevención" de la
tortura y de los malos tratos. Especialmente prevé este
protocolo que los Estados descentralizados como el español
puedan crear mecanismos independientes como el señalado.
Estos mecanismos tendrán la facultad de visitar periódicamente
todos los centros de privación de libertad y realizar
informes públicos con observaciones y recomendaciones.
El Estado español es uno de firmantes de esta nueva normativa
internacional que ha entrado en vigor, pero aún no se
ha desarrollado.
Después
de haber realizado durante años una campaña para
la ratificación del citado protocolo, esta Coordinadora
para la Prevención de la Tortura, tanto la estatal como
la catalana, viene trabajando para que se pongan en funcionamiento
los mecanismos de inspección señalados a fin de
que se cumpla lo que manda el derecho positivo vigente. En este
sentido, la coordinadora catalana ha presentado formalmente
al Parlament, a los departamentos de Justicia e Interior y al
Síndic de Greuges, una propuesta concreta para la realización
de esos mecanismos.
La asunción
de competencias por parte de la Generalitat en numerosas materias
que afectan a la privación de libertad, justifica plenamente
la creación de estos mecanismos para las visitas de,
al menos, los centros penitenciarios, los de menores, las dependencias
de los Mossos d'Esquadra, de las policías locales y de
las unidades psiquiátricas penales. De acuerdo con el
protocolo antes citado, que es un tratado internacional con
plena validez jurídica, las visitas deben realizarse
sin previo aviso y en estrictas condiciones de privacidad e
independencia.
Esta última
nota, la independencia -tan citada en la norma internacional-,
creemos que sólo puede garantizarse plenamente si son
los organismos de la sociedad civil, con una acreditada trayectoria
en materia de lucha contra la tortura, los que integren y trabajen
efectivamente en los citados mecanismos nacionales de prevención.
Crear estos mecanismos sin el concurso efectivo de las organizaciones
mencionadas sería rebajar y devaluar absolutamente las
expectativas que despierta la nueva normativa internacional.
El paradigmático
caso de las presuntas torturas de Quatre Camins salió
a la luz pública por el trabajo de las organizaciones
sociales. Éstas tienen ahora la posibilidad, prevista
en el nuevo ordenamiento jurídico, de trabajar con más
herramientas en la lucha por la erradicación de la lacra
comentada. Las autoridades políticas tienen ya el proyecto
presentado por esta coordinadora. La respuesta que se dé
a ello, como todo el proceso de implementación de los
mecanismos de prevención, será el escenario de
representación en que cada parte mostrará su mayor
o menor voluntad de trabajar en la dirección apuntada.
La coordinadora catalana no trabaja sólo en el ámbito
de la denuncia -ámbito imprescindible, desde luego-,
sino también en el de las propuestas positivas. Esperemos
que, en esta ocasión, las autoridades políticas
sean verdaderamente sensibles a estas propuestas. Evitar episodios
como el de las presuntas torturas en Quatre Camins se convierte
en un auténtico imperativo de una sociedad democrática
y de un Estado transparente.
Iñaki
Rivera y Montserrat Munté son integrantes de la Coordinadora
Catalana para la Prevención de la Tortura, integrada
por 17 entidades.